Comunalidad y Autonomía (in English)
una compilación de tres ensayos y dos declaraciones en parte
de varias indígenas de la Sierra Norte de Oaxaca
Discriminación y democracia en un estado multiétnico Secundo de los tres ensayos (in English)
por Jaime Martínez Luna <tioyim@yahoo.com.mx>
URL de ésta página http://site.www.umb.edu/faculty/salzman_g/Estrate/ComunEs/2.htm
"Este porvenir, este futuro no es del cosmos
sino de mi siglo, de mi país, mi existencia
de ninguna manera me propondré la preparación
del mundo que me sobrevivirá. Pertenezco
irreductiblemente a mi época"
--Frantz Fanon, 1966.
Al reflexionar sobre la discriminación y democracia en un estado multiétnico, no nos vamos a referir a la realidad individual que enfrenta la población india de México en 1994, sino a las de las colectividades, comunidades, organizaciones, que día a día reformulan su relación con un estado-nación que en el discurso reivindica la pluralidad y en la práctica insiste en la uniformización social y económica.
Tampoco nos referiremos a la explicación histórica de este fenómeno, ya que los pueblos indios actuales son el resultado permanente de las imposiciones culturales y económicas del estado moderno, por lo tanto no son cúmulo de reminiscencias sino de relaciones sociales actuales siempre diferentes, permanentemente sustentadas en intereses que impiden o por lo menos limitan el desarrollo pleno de la sociedad indígena, quien también tiene sus propuestas de desarrollo, quien también tiene propuestas innovadoras de convivencia social.
Nuestra experiencia se limita de manera precisa a una región del Estado de Oaxaca, sin embargo hemos compartido estas reflexiones con comunidades y organizaciones de varias regiones del Estado, así mismo con organizaciones y pensadores indígenas de todas las regiones del país, es así que si recalco las experiencias directas de mi región de origen éstas se sustentan en lo que se refleja de varios estados del país. Subyace a todo este planteamiento el concepto de comunalidad, conducta que explica nuestro ser indígena, concepto que por cierto hemos desarrollado en otros trabajos, pero que baña la presente reflexión.
Nuestro sagrado territorio comunal
La reorganización del estado revolucionario, tuvo que ceder de algún modo a las presiones de los campesinos que encabezó Emiliano Zapata, claro, benefició en gran medida a la pequeña propiedad representada por la gente de Carranza, sin embargo, en este proceso las comunidades indígenas pudieron colar la defensa de sus territorios comunales. Si bien es cierto que en la actualidad el territorio de lucha Zapatista, es mayoritariamente mestiza, en aquéllos años, nuestros hermanos nahuas fueron un gran sustento para sus políticas. Si bien los territorios comunales habían sido realidad de muchos años atrás, la lucha Zapatista permitió su sobrevivencia, tan es así que en la constitución quedó estipulado de manera muy precisa los tres regímenes de propiedad: la pequeña propiedad, la ejidal y la comunal.
Siempre se consideró que los territorios comunales eran improductivos, pero estos eran defendidos récientemente por una población que en aquéllos años no podían ser atendidos por el estado moderno. Es por eso quizás que la inmensa mayoría de territorios comunales se mantuvieron y los que no, fueron repartidos en pequeña propiedad y otros muchos convertidos en ejidos. La propiedad comunal está ubicada y se le encuentra en las áreas más refundidas, en zonas de baja productividad agrícola, en regiones agrestes y alejadas de la comunicación. Todos los territorios susceptibles de ser capitalizables quedaron en manos de unos cuantos, lo comunal quedó conferido a una población plenamente discriminada del progreso general de la nación.
La discriminación del territorio comunal se demuestra en la ambigüedad manifiesta en la ley de la reforma agraria, proceso que desemboca en los noventa con las modificaciones al Artículo 27, en donde se señala que los territorios comunales indígenas serán materia de protección por parte del estado, sin que esto se afirme como una garantía, por lo contrario resultan susceptibles de vender siempre lo acuerde su asamblea quien deja de ser la máxima autoridad para convertirse en un simple órgano de gobierno. Es decir, si en los setenta ambiguamente se le garantiza la sobrevivencia, en los noventa se les pone en venta; y decimos que se les pone en venta porque el proceso económico nacional señalado como neoliberal, posibilita que los recursos hasta ahora no descubiertos y habidos en zonas de territorio comunal, fácilmente puedan ser de interés de los grandes capitales, aparte de esto la extrema pobreza que padecemos, de la que más adelante comentaremos aumenta las posibilidades de su enagenación paulatina, y por lo mismo, del exterminio de las poblaciones que en ellos viven.
Desde otra perspectiva, el territorio comunal ha sido para los pueblos indígenas no únicamente un patrimonio para su sobrevivencia, sino la fuente misma de su realización cotidiana. La tierra para la comunidad no significa una mercancía sino una relación y expresión profunda de su visión del mundo. La tierra no es una cosa, sino la madre misma de la comunidad. El territorio es sagrado y además el espacio para la reproducción de la diferencia. Para la sociedad mestiza, la tierra es mercancía y un elemento más de uniformidad, de individualidad, de seguridad económica. Para los pueblos nó, la tierra es de todos o para las futuras generaciones.
La discriminación con respecto del territorio se demuestra precisamente en el trato que se le dá. Los afanes liberales tienden a la homogenización y no al respecto a la pluralidad. Se sigue viendo al territorio comunal como un obstáculo para el desarrollo, no como posible aporte de nuevas relaciones con la naturaleza, menos individualizadas y sí, más respetuosas de la protección y conservación del medio ambiente y de la biodiversidad.
Las posibilidades de la democracia en México, encuentra de manera concreta un reto en el tratamiento a los territorios comunales. Un estado democrático debe estar fundado en la pluralidad, en la libre expresión cultural de sus conjuntos sociales y del profundo respeto a las particularidades. El territorio comunal es una de ellas, por ello democracia es y debe entenderse así como el respeto a la libre relación de los hombres con la tierra, con su entorno. No sobra recordar que la lucha de los Zapatistas chiapanecos en 1994 encuentra en la defensa de su territorio una de las escenciales motivaciones de su guerra. Lo mismo sentimos el resto de los pueblos indígenas. Por ello, buscamos la democracia, lo primero es el respeto a la pluralidad, realidad del México actual.
Nuestra irracionalidad económica
Ser pobre en cualquier rincón equivale a ser indio. Tanto en ciudades, en los cordones de miseria, como en las ciudades de provincia, como en lo más profundo de las áreas rurales mestizas. Ser pobre es ser indio. Creo en verdad que vivimos dentro de una sociedad nacional verdaderamente cínica. Los factores que han promovido la pobreza en las comunidades indígenas had llegado del exterior. En primer lugar, la usurpación de nuestras mejores tierras, la explotación desmesurada de nuestra mano de obra, los factores de comercialización que elevan los costos de nuestros productos y elevan el consumo de los de manufactura industrial, la educación que privilegia la formación individual frente a la cooperación comunitaria, los medios de comunicación que hacen énfasis en el triunfo individual y discrimina el éxito colectivo, las leyes, etc. Todo llega de fuera.
Definitivamente, no tenemos espíritu empresarial. Pero esto no es malo como se ha querido afirmar. Veamos por partes esta cuestión:
En primer lugar, nuestra economía esta dirigida hacia dos aspectos: el autoconsumo y los factores de acumulación hacia la compartencia con la comunidad. Consideramos que la tierra nos da lo que necesitamos y que si nos da más, la producción la debemos compartir principalmente en las fiestas o en las celebraciones de barrio o familiares. De ahí que la acumulación no signifique capitalización; por lo contrario una oportunidad para hacer comunidad. Cualquiera podría decir: ¡Ah, que tontos! entonces ¿Cuándo van a dejar de ser pobres? ¡Claro! y en ello radica la diferencia. No nos sentimos pobres, nos lo han hecho sentir y nos han vuelto cada vez más pobres en realidad.
La imagen del desarrollo es otra cosa más, occidente, con todo y su heterodoxia, ha pensado que lo que debemos tener son las comodidades de un mundo urbano, de un mundo que privilegia las comodidades y no la relación o convivencia armónica entre los hombres. La comodidad, la acumulación, son valores que no sentimos como necesarios, sin embargo poco a poco nos lo han venido introduciendo por todos los poros de la vida cotidiana.
La discriminación hacia nuestra economía, es la peor discriminación de la que somos víctimas. Es ella, la culpable de nuestra extrema pobreza. Esta discriminación y, nuevamente como referencia, llevó a los Zapatistas chiapanecos a levantarse en armas. Tienen razón, así no estemos todos en las mismas condiciones como para seguirlos de manera inmediata.
Mientras no se entienda esto y se deje de promover programas asistenciales como el Procampo y algunos de solidaridad, no vamos a poder encauzar nuestra verdadera personalidad económica. Si en lugar de que nos siguieran asistiendo con maíz de la Conasupo, elevaran nuestros precios de garantía de tal modo que lo pudiésemos vender a precios respetables, or bien, si en lugar de garantizarse la revolvencia de los créditos en función de la propiedad, nos permitieran diseñar nuestros propios programas de procucción, la cosa cambiaría. Sin embargo el modelo ya está establecido, es más importante el indio como mano de obra barata en el centro, norte y en el vecino país, que en la comunidad. Esto no va a resolver los problemas para alcanzar la democracia, menos aún si las medidas económicas se siguen tomando desde criterios de rentabilidad, de productividad, de capitalización, y si los propios intelectuales, aquí entre nos, "imparciales," nos siguen llamando agentes antieconómicos.
De nueva cuenta aparece ante nosotros la contradicción entre pluralidad y uniformidad. La economía actual, representa el intento de globalizar, de uniformizar, de alinear, y nuestros afanes, fuertemente ligados a la protección de nuestros recursos naturales, siguen reivindicando una relación social armónica, horizontal, de compartencia, de convivencia. Pese a todo seguimos considerando que esta es la propuesta que los pueblos indios tenemos y debemos reivindicarla, a pesar de que para el estado sea más fácil regalarnos toneladas de cemento, que sólo cubren y asfixian el suelo y no resuelven los problemas básicos.
Quizás para muchos de ustedes, esta sea una vulgar propuesta utópica fuera de tiempo y sustentada en un pasado remoto. No, no es cierto. Al principio afirmamos que nuestros razonamientos obedecían a condiciones de éste siglo y de manera concreta las del presente año. Si consideran que nuestra propuesta comunitaria se fundamenta en lo ideal, en la perfección, están equivocados. Nuestras comunidades no son puras, precisamente porque somos un resultado permanente de presiones externas y energías internas que nos dibujan una situación nueva cada vez. En muchas de nuestras comunidades la economía está controlada por el comercio, por el poder político de élites o grupos, por maestros que heredando los mejores vicios de occidente se convierten en líderes nefastos o en caciques, en última instancia. También compartimos espacio con los narcotraficantes, y principalmente con los políticos representantes de partido, en algunos casos hasta con terratenientes, finqueros o acaparadores y vendedores de tierras. Cada comunidad enfrenta su propia realidad, pero en lo general podemos afirmar que existen patrones de comportamiento, de realización que compartimos todos. Unos tienen sus territorios comunales garantizados, otros están en trámite, a otros se les ha sido ururpado, en fin es muy variada nuestra realidad social. Pese a ello consideramos que nuestra propuesta es viable, si es que la entendemos en su justo contexto. Pongamos algunos ejemplos:
En lo que se refiere a bosques; en un buen número de comunidades, hemos integrado nuestras empresas comunales. Alguien diría entonces -- ¿No que no son empresariales? nó, no es eso, hemos tenido que crearlas ante la presión de los talamontes, ante la presión de la S.A.R.H., de las concesiones federales. Es cierto, la madera vale mucho y como tal nuestras empresas son verdaderas empresas colectivas, las ganancias las dirigimos a comprar maquinaria, camiones de transporte, a construir nuestros edificios institucionales, sólo en algunos casos nos llegamos a repartir alguna utilidad. Todo está dirigido hacia obras de beneficio social. Otra cosa es que el problema de la recesión ha hecho que nuestras utilidades a la fecha hayan disminuído considerablemente.
Si hablamos del café, muchos de ustedes ya conocerán la historia. Baja el precio, el que es fijado fuera de nuestras fronteras, y nuestra economía vuelve a sacudirse. El café se nos impuso, abandonando los predios y la producción de maíz para garantizamos algo de liquidez para la compra de productos que no producimos. Se nos impuso técnicas, el consumo de fertilizantes, etc. el caso es que estamos jodidos si es que el modelo productivo y comercialización del café a nivel internacional no cambia.
El caso de las minas tiende a parecerse al de los bosques, sin embargo pocas son las comunidades que hemos emprendido este camino. El caso del maíz ya lo hemos comentado lo mismo que el del frijol y el del trigo. Sólo resta afirmar que con estas políticas económicas, lo que hemos perdido es mayores posibilidades de ser autosuficientes.
En resumen diríamos que la discriminación hacia nuestra racionalidad económica no parece abrir cauces sanos para nuestro desarrollo, por lo contrario nos conduce a la globalización y más aún en este momento con el tratado de libre comercio, que se presenta ante nosotros como la puntilla para enterrar nuestras posibles utopías. Sólo sabemos que no habrá democracia real si no se hace respetar nuestros intereses económicos, nuestros afanes de compartencia y se permita desarrollar nuestra propia y libre creatividad económica.
Nuestra desintegrada organización
Una de las tácticas para garantizar el control político sobre nuestros pueblos ha side la desintegración de la organización regional, es el establecimiento por sistema de una atomización social. En el discurso, se pretende eliminar esta disintegración y atomización, en la práctica las políticas en todos los órdenes la consolidan. Es por ello que encontramos en 1944, una población india totalmente desarticulada, desintegrada, desorganizada. El paternalismo oficial ha hecho que se nos inventen cúpulas nacionales, que se copten a algunos líderes y que se inventen otros. Esta historia yo la han platicado muchos de nuestros compañeros, no nos detendremos en ello.
La atomización ha significado para nosotros la contracción política. Tenemos el control político de nuestra comunidad, en general, pero no se nos permite tener el regional, el querer lograrla ha hecho correr mucha sangre. La nota roja de todos los periódicos de fé de lo dicho.
La contracción ha permitido desarrollar una organización fuerte y sólida. La máxima autoridad de nuestras comunidades es la asamblea general. Independientemente de las costumbres de cada pueblo indígena, la asamblea está integrada por las cabezas de familia, de los jóvenes mayores de 18 años, de las viudas. Es esta asamblea quien nombra a sus órganos de gobierno. A partir de estos órganos se ejecutan las desiciones colectivas y se intentan resolver cada uno de los problemas a los que se enfrenta cada comunidad.
La significación del poder en una comunidad indígena a diferencia de lo que se representa en un mundo mestizo rural o urbano es muy diferente. En nuestras comunidades el poder es un servicio, es decir es la ejecución de lineamientos de una asamblea, de una colectividad. En el otro, significa el ejercicio de las desiciones de la propia autoridad que ha sido elegida a través de mecanismos electorales poco controlados por la sociedad. El poder de un pueblo indio, es el resultado de un desempeño ciudadano, en el otro, es el resultado de una relación de grupo que detenta o aspíra al poder. Para acceder al poder indígena, se tiene que demostrar trabajo, una actitud individual frente a los compromisos comunitarios, actitud personal dentro de la familia extensa, frente al barrio, cofradía, etc. Un poder que cuando se tiene es únicamente obedecer, cumplir y trabajar. Una autoridad en comunidad es prácticamente un empleado al servicio de todos, un empleado al que no se le remunera, al que no se le permite diseñar, y cuando esto se dá, lo diseñado puede realizarse sólo si existe la consulta. Por lo contrario, el poder político en las sociedades rerales mestizas o urbanas es lo contrario, es la posibilidad de ejecutar sus propias ideas, satisfacer sus personales intereses, la consulta no existe. Se aspira porque existe una remuneración ilimitada, hecho que explica el ascenso de la corrupción como expresión del poder público.
Lo que se afirma, permite ver lo que se da en la comunidad si bien expresa una marcada aficción por el concenso, la compartencia, la desición colectiva, es limitada también para los afanes de carácter indiviudal por más sanos que estos sean.
Cualquiera podría preguntarse: ¿Qué será lo más recomendable? El poder que viene y responde a los de abajo, o el poder que supuestamente lo eligen desde abajo, pero que representa a los de arriba. Nos permitimos reflexionar sobre nuestra distancia de la democracia como modelo global de comportamiento político y lo pretendemos entender como la fórmula que respeta la diversidad de actitudes políticas. Es decir, hasta ahora la democracia ha sido el interés porque toda la sociedad participe de las decisiones nacionales mediante mecanismos ya muy bien diseñados, aunque poco respetados por el partido en el poder. Nosotros sostenemos que la democracia es el respeto a la pluralidad política y como tal la compartencia de la diversidad dentro del estado-nación, permitiendo el desarrollo de todos los modelos de convivencia política que puedan existir en el país. A la distancia de dos siglos de vida republicana, poco se ha hecho al respecto. El mayor avance ha sido una pequeña modificación al Artículo Cuarto Constitucional, que si bien señala una cierta libertad cultural a los pueblos indígenas, no garantiza el respeto en lo económico, lo político y lo jurídico.
Frente a la solidez de nuestra organización comunitaria, la regional representa nuestro talón de aquiles o nuestra parte más débil. El estado mexicano ha tenido mucho cuidado en que no estemos juntos, en que no tengamos fuerza política. Ha dado sus mejores esfuerzos por separarnos, por mantenernos desintegrados. Todos los esfuerzos por construir lo regional realizados durante las últimas seis décadas, fueron etiquetados como movimientos subversivos, socializantes, comunizantes, nunca fueron entendidos desde otra perspectiva. Siempre, para el partido en el poder, hemos sido víctimas de partidos de oposición, nunca hemos tenido ideas propias, menos aún líderes honestos. Insisten en señalar que se nos sigue engañando, o incluso que fuerzas internacionales nos movilizan. Para muestra, analicen lo que se dijo en el inicio sobre el levantamiento de los compañeros en Chiapas. Si esto se afirma en 1994, imagínense lo que se decía en los sesenta.
Pese a ello, nuestros esfuerzos por construir la organización regional no ha cedido. En la mayoría de los casos nuestras organizaciones han librado batallas de corto alcance, en la mayoría hemos sido derrotados, pocas veces hemos salido victoriosos. Pero nuestra guerra sigue adelante. Es por ello que ahora la autodeterminación, la libre determinación o la autonomía como se quiera entender, aparezca ante nuestras mentes como una nueva forma de garantizarnos la sobrevivencia y como una garantía para la defensa de la pluralidad y la diversidad. En estos esfuerzos, nuestros obstáculos inmediatos son los partidos políticos. No estamos en contra de la vida republicana y de sus mecanismos partidistas. Lo que exigimos es el respeto a nuestras propias formas de elección de representaciones regionales. Dada la desintegración a la que hemos estado sometidos sabemos que nos es fácil integrar nuestras organizaciones regionales y mucho más difícil la reestructuración de nuestras etnias.
Debemos dejar en claro que no pretendemos volver al pasado. No pretendemos reconstruir las naciones prehispánicas. Por ello mismo hacemos más énfasis en nuestras organizaciones regionales que representan realidades pluriétnicas a las que también se incorporan los mestizos y los criollos. Tampoco planteamos la separacíon de la nación, ni la creación de estados dentro del estado mexicano.
La discriminación debe ser suplantada por la aceptación, por el reconocimiento a nuestra existencia política diversa. Si la discriminación ha significado uniformización política, podríamos decir, aunque suene paradógico, que deseamos discriminar a la sociedad nacional para que seamos tratados por igual y de esa manera se mantengan claras las diferencias y el apotegma liberal cobre vigor en estos tiempos difíciles; -- "El respeto al derecho ajeno es la paz."
Educación y comunicación en alianza
La discriminación que impacta más allá de las colectividades y se hunden en el individuo mostrando sus más grotescas expresiones, surgen de la educación y de la comunicación masiva que recibimos los pueblos indios.
Independientemente de lo que haya sido en el pasado, a principios de este siglo, tuvimos una experiencia educativa muy fuerte y positiva. Los maestros eran elegidos por la comunidad, incluso, esta les pagaba su salario que salía de las bolsa de cada padre de familia. En esta experiencia se vió que cuando el maestro partía de la naturaleza y la cultura comunitaria, ésta, podía ser más útil, más reforzadora de la comunalidad. Este fué un momento que la educación estuvo bajo la responsabilidad de la comunidad. El gusto duró muy poco. El estado mexicano no podía soltar el venero para la implantación de su modelo de pensamiento; y se nos vino un nuevo desastre.
Los principios de integración, asimilación nacional de aquéllas sociedades diversas y su integración a un sólo modelo económico aceleró el proceso uniformizador y nos metió a una dinámica de la cual aún no podemos sacudirnos. El contenido de la educación hacia nuestros pueblos se integró de los valores nacionales, de las cualidades de la conquista, de las victorias criollas, de los aciertos mestizos, pero nunca de los aportes de nuestros pueblos indígenas. Todavía en la actualidad, los contenidos siguen siendo bárbaramente etnocidas, discriminantes de la existencia india. Se privilegia el valor de occidente y su conocimiento, se insiste en el individuo y se pierde la comunidad. Son únicamente importantes los héroes nacionales. Los esfuerzos de los pueblos son tratados al nivel de caricatura, más aún los héroes y hechos regionales resultan inexistentes. Se parte de la competencia es lo mejor y no la compartencia comunitaria.
Con todo esto qué respuesta se puede esperar de la sociedad mestiza. Las víctimas inmediatas lo representan nuestros hermanos que para estudiar salieron como Juárez a las ciudades más cercanas o a la ciudad de México. No es extraño que previo al año del 68, el Instituto Politécnico Nacional fuera señalado como la escuela para los de provincia y para los indios y la universidad para las sectores urbanos y clases medias. Cuantos de nosotros no estudiamos en una vocacional por atender estas expresiones de discriminación grosera: el naco, indito, Oaxaco, son apenas algunos de los apelativos que tuvimos que enfrentar los que proveníamos del sector rural e indígena. Pero hablemos de la discriminación de las colectividades. Con la educación oficial, el primer efecto que se observó, fué la desvalorización del trabajo campesino, se abandonaron las parcelas escolares, los talleres creados en los años treinta fueron desechados. Llegaron modernas técnicas para fortalecer el conocimiento adquirido en el pizarrón, la prohibición del uso de nuestros idiomas, la salarización estatal y federal de la labor del maestro, en fin todo lo que era la comunidad. Este fué un proceso lento pero firme, paralelo al desarrollo de nuevas ideas de cómo debía ser nuestro progreso e integración educacional y cultural a la nación. Llegó la radio comercial y más tarde la televisión y todo se complicó más.
En la actualidad, pese a los esfuerzos indigenistas, por muy buena fé que estos representan, con la educación bilingüe y bicultural, las radios indigenistas, la desintegración comunitaria que parte de la educación sigue su marcha.
De nuestro lado, lo que hemos logrado es que a través del trabajo cotidiano y del sostenimiento de nuestras instituciones internas, la educación comunitaria de algún modo se haya logrado reproducir, deteniendo de algún modo los efectos nocivos de la educación formal. No logramos detener todo, pero si afianzamos algunos aspectos que estamos concientes de no perder. El problema se agiganta en la educación media y superior. En estos niveles, los valores individualizantes arrecian sus efectos, causan desaliento y múltiples expresiones discriminatorias. De entrada las especialidades agropecuarias se siguen reproduciendo en el salón y en el pizarrón, aún teniendo la naturaleza al lado. Esto de las especialidades técnicas no responde a las necesidades regionales y los jóvenes se convierten en mano de obra semipreparada para irse al vecino país del norte. Obviamente y con los valores absorvidos en el salón los jóvenes emigrados aunque fracasen en sus sueños individualizados ya no regresan con la consonante pérdida comunitaria de sus capacidad y energía.
Si habláramos de los niveles tecnológicos y universitarios, el problema se complica. El profesional no encuentra fuente de trabajo que le contrate sus servicios. Las únicas son las instituciones gubernamentales que lo convierten en una máquina de llevar recados, en el mejor de los casos, y en el peor, de simple burócrata. Peor nos va si abogado, médico o arquitecto, estos definitivamente se quedan en la ciudad. Con todo esto, ¿Que es lo que podemos esperar de la educación actual? Y esto sin hablar del magisterio, que se cuece aparte.
La federalización de la educación significó para nosotros la descomunalización de los maestros. Los privilegios laborales, en sus inicios y la necesidad de mejores oportunidades de trabajo en la actualidad, ha hecho que las comunidades pierdan a sus mejores hombres y mujeres. La inmensa mayoría están ahora radicando cerca de la ciudad, y por ello es normal ahora ver que un maestro zapoteco esté en una escuela chatina, etc. los movimientos de carácter laboral, la comunidad las resiente pero en verdad no sabría que decir al respecto, en si es mejor que los maestros dejen más tiempo libre a los niños o que estos sigan permanentes edificando conocimientos que a la larga sólo individualizará a seres comunitarios y hará competidoras a personas compartidoras. De alguna manera, podemos afirmar que lo que los niños aprenden en el salón, lo desaprenden en la calle y el hogar. Esto obviamente no pasa en los niveles medio y medio superior. Esta dialéctica educative de alguna manera ha permitido la enseñanza de la compartencia, sin embargo cada vez es más complejo el asunto con la llegada de los medios masivos de comunicación.
Los principios y valores que nos introduce la radio, la televisión y los medios impresos son difíciles y casi imposibles de detener. Nuevamente la falta de respeto a las culturas regionales se convierten en la expresión neta de la discriminación. No podemos decir que el Instituto Nacional Indigenista no haya hecho esfuerzos en este terreno, al contrario aplaudimos los realizados, pero estos aún son muy pequeños y desintegrados. La nación ha decidido vender la libertad para transmitir señales, esto reafirma su posición homogeneizadora, globalizadora y ratifica su poco interés por una nación plural rica en expresiones culturales propias y creadora de diversidad de modelos de vida que garanticen un futuro más compartido.
En la actualidad, algunas regiones contamos con emisoras, incluso con centros de producción de video. Aún con pocos recursos, la resistencia en estos campos se seguirá dando. Sin embargo, insistimos, no podrá haber democracia si se sigue despreciando a nuestras sociedades en el ejercicio de su propia libertad de expresión, como tampoco podremos derrotar a nuestros enemigos eternos que se fortalecen con el uso de estos medios.
En última instancia ahí están los medios, más de fuera para adentro que de dentro para fuera. De cualquier modo nuestra cultura no creemos que se deba seguir tratando como se ha tratado. Estamos de acuerdo que este país tiene una raíz y ésa somos nosotros. Sin embargo el hecho de pintarla, contarla, bailarla o teatralizarla y no tratarla o enfrentarla hace de esta cultura una caricatura y una verdadera vergüenza para quien la obstenta o la comenta. Nuestra cultura no es ni la mejor forma de ser escrita en español, como tampoco la perfecta manera de escribirla en zapoteco. Es simplemente nuestra cultura. No estamos en el mercado de lo mejor dicho, o de lo mejor escrito. Estamos en nuestra realidad y esa es la que cuenta. Y lo que deseamos es que nuestra realidad cuente para toda la sociedad mexicana. Nuestros médicos aprenden diariamente. No en una temporada escolar, aprenden a chingadazos, porque esa es la escuela que siempre hemos tenido de las expresiones eternas. El conocimiento que se obtiene, como siempre, se hace a un lado, se desprecia, se discrimina, se aparta, lo mismo sucede en todos los campos de la inteligencia. El resultado es que "No aportamos." Aunque sí lo estemos haciendo y nuesta voz quede apagada con el sonido de los motores, los programas de la televisión y las canciones de moda.
Nuestros derechos humanos y el quinto infierno
El salvajismo de la sociedad nacional pareciera estar concentrado en el ejercicio de la ley. El estado dialoga con nosotros a través de un lenguaje críptico, indescriptible e inaprensible. Por eso siempre salimos perdiendo. Ni siquiera la dignidad salvamos. Los delitos en la comunidad se resuelven platicando, comentando, analizando. La ley nos hace ver que las cosas no se platican, se ejecutan, se ejercen, se dictaminan. No importan las razones, lo que importa es el estado de derecho. Es decir la base de quien dictamina. Esta situación nos ha llevado a interminables luchas que por desgracia no nos ha conducido a nada. Sólo a entender que entablamos un diálogo de sordos. No hay peor discriminación que la que se ejerce en la realización de las leyes.
En este campo hay mucho que decir. En principio debemos afirmar que tenemos también nuestras propias leyes. Lógicas de pensamiento construídos por siglos, maneras de entender la vida que nos ha llevado a resolver un sinnúmero de problemas internos. Sin embargo ese derecho y ese conocimiento se deshecha para imponer los razonamientos escarbados y desarrollados en ámbitos distintos al nuestro, a experiencias que no parten de nuestra realidad. Los centros de readaptación social, no nos sirven, por lo contraria afectan. Sin embargo ahí están, como ejemplo de lo mejor que ha desarrollado la sociedad. Nos da vergüenza su existencia, porque es la mutilación misma de nuestras capacidades.
En nuestras comunidades enfrentamos el sinnúmero de delitos que pueda haber, pero así mismo encontramos la cantidad de soluciones que existen. Nuestras leyes la ejercen a quien le toca ejercerlas, no son gente especializada, son personas a quien le toca temporalmente ejercerlas. Estamos convencidos de que mandar a la cárcel al asesino de un compadre es convertir a las comadres en dos viudas, por eso mismo los castigos se dictaminan pensando en ello y no solamente en una ley establecida sin dialogación.
El enfrentamiento de las leyes "positivas" y las nuestras no solamente se dan en el campo de lo ridículo, como es cuando no tenemos traductor, sino en la base misma de los principios que se cualifican. Siempre se razona en términos del derecho individual, nunca se piensa en el derecho comunal, es decir siempre se razona en término de los intereses de un individuo y se entiende que toda actitud deviene de un interés individual, nunca se incorpora la posibilidad de entender que la actitud es resultado de un hecho social y más bien comunal, que por lo mismo amerita un tratamiento distinto.
A eso se debe que las cárceles estén repletas de hermanos que estando dentro no llegan a entender sus delitos como suyos, ni tampoco a desarrollas una actitud comunalizadora. La cárcel los individualiza y como tal de nueva cuenta los separa de la comunidad. Eso es lo que hace la cárcel. Una nueva afrenta a la cultura de los pueblos indígenas.
No quisiéramos discutir si esto es válido en una sociedad mestiza o urbana para mayor exactitud, sin embargo, creemos que para la nuestra no lo es, por eso afirmamos nuestro derecho a imaginar que dentro del estado de derecho del que tanto se habla, exista la posibilidad del ejercicio de diversas modalidades de justicia, y que estos sean realizados por las distintas sociedades que conforman la sociedad mexicana.
La autonomía, libre autodeterminación o autodeterminación, sería en este caso el marco jurídico más adecuado para concretar este tipo de libertades. El estado mexicano no bede temer sus resultados, más bien debe estar atento a sus frutos porque podrían ser un ejemplo de como conducir una sociedad compleja sin tantos papeleos, porque pareciera ser que nuestra sociedad nacional se realizara exclusivamente sobre papel.
Nuestros sueños y la autonomía
Hace poco un intelectual se preguntaba si los indígenas estábamos reclamando una autonomía subsidiada, es decir una autonomía de caricatura. Identificar autonomía con autosuficiencia es una trampa de discurso. Es el clásico señalamiento que le hace un padre al hijo que quiere tomar sus libres determinaciones. Nosotros no tenemos padre, la patria se ha creado a nuestro pesar. ¿De donde salió el recurso para que este intelectual se formara? Sencillo, de la sangre de muchas generaciones, no solamente de su familia. El no tiene papá, pero si tiene una sociedad que lo cobija y esa sociedad lo somos todos, entonces ¿Porqué no puede subsidiarse una autonomía? Si a fin de cuentas entre todos nos estamos subsidiando.
Estas falacias son las que hacen que uno reafirme que la sociedad mestiza insiste en hacernos creer que los indígenas debemos desaparecer.
Padecemos una permanente discriminación sistemática y además argumentada por sus notables inteligencias. No se nos olvida el trato que le dió un premio nobel a la lucha de nuestros hermanos chiapanecos.
La autonomía para nosotros es una posibilidad de crecer más sanos, sí, aunque no lo crean, libres de interminables contaminaciones, incluso para que de esa manera discriminemos a la sociedad restante, no como lo han hecho con nosotros, sino más bien en el sentido más constructivo, el tratarse como sociedades iguales, con los mismos derechos y las mismas obligaciones. ¿Porqué se nos entiende como menores de edad? Si esto no es una familia, esto es la historia de sociedades que se relacionan y se enfrentan y obtienen como resultado un nuevo estadio social y económico. Nuestro reclamo que no se entienda como un lloriqueo porque no le estamos escribiendo al adulto para que nos resuelva las cosas, estamos hablando de adulto a adulto para que nuestras relaciones sean más constructivas.
El no entender el sentido profundo de nuestro reclamo autonómico es no entender nuestros afanes democráticos, es empecinarse en la necesaria exterminación de nuestros pueblos, es creer que el futuro de la humanidad es el futuro de nuestros vecinos del norte, es creer que no tenemos origen y patria, en tirar a la basura la sangre de tantas generaciones que nos han forjado, es no sembrar para el futuro, aunque este futuro sea nuestro y nos estemos suicidando.
La discriminación empieza donde la incompresión del valor de nuestro territorio, de la invalidación de nuestra racionalidad económica como de la inconformidad sobre nuestra organización social y de la falta de respeto a nuestro derecho a ejercer la justicia. Todo es discriminación y reafirmamos nuestra convicción de que no habrá democracia si la sociedad nacional no entiende la diferencia, la pluralidad y el derecho que tenemos los pueblos indios a diseñar nuestro propio futuro.
Guelatao de Juárez, Oax., el 30 de mayo de 1994
Jaime Martínez Luna
Fundación Comunalidad
Domicilio conocido
Guelatao de Juárez, C.P. 68770, Oax., México
tel: 951-553-6026
contacto el sitio web: <george.salzman@umb.edu>
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