Palestina, México y América Latina
José Steinsleger/I

George Salzman   <doctorsci@gmail.com>
initial posting 09 Sept 2010 - last update 09 Sept 2011

URL: http://site.www.umb.edu/faculty/salzman_g/t/2011-09-09.htm

      The article I posted here first appeared — as far as I know, as a contributed opinion piece on the back cover of La Jornada on Sept 7, 2011. The original is on line at http://www.jornada.unam.mx/2011/09/07/opinion/019a2pol. The text of the original article is reproduced here first, with a few small additions for explanation, and is then followed by my rough translation. My thanks to a good friend in the struggle here in Oaxaca, <sharon_oaxaca@riseup.net> All corrections will be appreciated. My initial posting was on 09 Sept 2011. The last update was 09 Sept 2011.

Steinsleger’s first article

      En los días venideros, cuando la Asamblea General de Naciones Unidas se pronuncie en favor del reconocimiento de Palestina como Estado miembro del organismo internacional, es casi seguro que el gobierno de Israel denunciará al mundo que el mandato bíblico fue impíamente desafiado. Entonces, el embajador palestino se verá obligado a recordar el día en que Moisés, sofocado y sudando a mares mientras burilaba los Diez Mandamientos en durísimas tablas de arcilla, descubre una cascada en las montañas, y decide tomar un bañito. El profeta se quita las ropas, las acomoda sobre unas piedras y se zambulle en las frescas aguas del arroyo. Energizado y recuperado, Moisés sale del agua y . . . ¡oh, sorpresa! Sus ropas ya no estaban allí. Un israelí se las había robado.

      Si el palestino contara esa historia de incierta veracidad, también es casi seguro que el embajador de Israel saltaría como un resorte de su curul: ¿de qué habla ustedé íLos israelíes no estábamos allí! Y el palestino respondería: Bien . . . ahora que el honorable dejó en claro un largo y penoso malentendido, voy a empezar mí discurso. De nuestro lado no vamos a remontar el pasado tan lejos. Mejor fijemos el mapa que dibujaron las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial, tras la caída del imperio turco: Francia se quedó con Siria, Líbano, Túnez, Argelia y parte de Somalia (Eritrea). Italia retuvo Libia y otro pedazo de Somalia, y Gran Bretaña, con Egipto, Arabia, Sudán, Jordania, Irak, Omán, parte de Irán, Adén (hoy Yemen) y Palestina. En 1917, el sionismo le arrancó a Londres la famosa Declaración Balfour: un “hogar naciona” para los judíos en Palestina. Sin embargo, pocos analistas repararon en que la cándida noción de “hogar nacional” apuntaba a la restauración del Gran Israel bíblico, que abarcaba Palestina, Mesopotamia, Líbano y el desierto del Sinaí. Target geopolítico que en la sede del Parlamento israelí (Jerusalén, Knesset) figura grabado en letras de oro: “del Éufrates al Nilo”.

      La primera propuesta para dividir a Palestina fue sugerida por primera vez por una comisión británica encabezada por un tal lord Peel (1937). El plan fue rechazado por los países árabes y aceptado a regañadientes por el Congreso Sionista Mundial, reunido ese mismo año en Zurich. En 1938, en vista de los crecientes choques militares entre las milicias sionistas y los campesinos que se negaban al despojo de sus tierras, la Comisión Woodhead (encargada de poner en marcha el plan de partición) concluyó que la división era imposible. Pero algo más denso reocupaba a Londres: los acuerdos entre la federación sionista de Alemania y la “sección de asuntos judíos” de la Gestapo. Celebrados seis meses después de que Hitler llegó al poder, los Acuerdos Mandelstain-Tochler (1933) merecieron de Joachim Prinz (joven rabino sionista de Berlín, que más tarde se estableció en Estados Unidos y se puso a la cabeza del Congreso Judío Estadunidense) el siguiente comentario: “La revolución nacionalsocialista en Alemania significó ‘judaísmo para los judíos’ . . . Ningún subterfugio puede salvarnos ahora. En lugar de asimilación deseamos un nuevo concepto: el reconocimiento de la nación judía y de la raza judía” (Wir Juden – Nosotros, los judíos ”, 1934). Cobrando sumas nada despreciables a los judíos ricos interesados en emigrar, la Gestapo autorizó la salida de 130 mil personas, de las cuales sólo 35 mil viajaron a la “tierra prometida” (1934-37). Entre ellos, jóvenes comandos entrenados militarmente por los nazis para enfrentar al enemigo común en Palestina: Inglaterra.

      Los acuerdos nazisionistas llevaron a la publicación de otro “libro blanco”, redactado esta vez por el líder laborista inglés Ramsay Mac Donald (1939). La luna de miel entre Londres y los sionistas llegó a su fin. Y como en asuntos militares no conviene combatir a dos enemigos a la vez, los sionistas viraron la mirada hacia Estados Unidos, país que albergaba la más importante e influyente comunidad judía del mundo entero. Los juicios de Núremberg (1945-46) y los filmes documentales que revelaban las crudas imágenes de la mayor hecatombe en la historia del judaísmo abrumaron al mundo, al tiempo que fueron hábilmente manipuladas para utilizar el antisemitismo como arma de propaganda del sionismo. O sea, nada distinto a lo recomendado por Teodoro Herzl en la época de los pogromos en Europa central (El Estado judío, 1896) A inicios de 1947, a pedido de Gran Bretaña, la llamada “cuestión palestina” fue sometida por primera vez a la Organización de Naciones Unidas. De hecho, se trató de la primera reunión extraordinaria de la ONU [after World War II]. En nombre de los países árabes, Egipto propuso la independencia, iniciativa bloqueada por las potencias vencedoras. Finalmente, el 29 de noviembre, Palestina fue partida en dos. Y la mayoría de los delegados comentaron después que el escrutinio fue una “calamidad diplomática”. La expresión del doctor José Arce (delegado de Argentina) aludía a un ejercicio que, a más de negar los derechos de los árabes, violaba la Carta de la ONU, pues en lugar alguno la facultaba para separar o dividir territorios, habitados o no.


      The following is a rough translation by George Salzman, AKA <doctorsci@gmail.com>. I will welcome any and all corrections and clarifications.

      In the coming days, when the United Nations General Assembly positively announces its recognition of Palestine as a member state of the international organization, it is almost certain that the Israeli Government will denounce to the world that the biblical mandate was sacrilegiously challenged. Then the Palestinian Ambassador will be obliged to remember the day in which Moses was suffocating and sweating like a horse while the Ten Commandments were being engraved in solid tablets of clay, discovered a waterfall in the mountains, and decided to take a little bath. The prophet took off his clothes, put them on some rocks and dove into the cool water of the stream. Energized and recovered, Moses climbed out of the water and . . . Oh, surprise! His clothes were no longer there. An Israeli had robbed them.

      If the Palestinian told that story of questionable truth, also it’s almost certain that the Israeli Ambassador would jump like a compressed spring: What are you saying? The Israelis — We weren’t there! And the Palestinian would respond: Well . . . now that the honorable (Israeli) clarified a large and malevolent thought, I’m ready to begin my discourse. For our part we are not going to go so far back in the past. It’s better to take the map left by the victorious powers of the First World War, after the fall of Imperial Turkey. France remained with Syria, Lebanon with Tunis, Algeria and part of Somalia (Eritrea). Italy retook Libya and another part of Somalia, and Great Britain held Egypt, Arabia, Sudan, Jordan, Iraq, Oman, part of Iran, Aden (today Yemen) and Palestine. In 1917 Zionism put forth in London the famous Balfour Declaration of a “National Home” for the Jews in Palestine. However, few analysts noted that the idea of a “national home” was aimed at the restoration of the biblical Greater Israel, which included Palestine, Mesopotamia, Lebanon and the Sinai Desert. The geopolitical goal that is engraved in letters of gold in the Seat of the Israeli Parliament (the Knesset, in Jerusalem) is: “from the Euphrates to the Nile”.

      The first proposal to divide Palestine came for the first time from a British Commission headed by a certain Lord Peel (1937). The plan was rejected by the Arab countries and accepted reluctantly by the World Zionist Congress meeting that year in Zurich. In 1938, in view of the growing military fights between the Zionist Militias and the Palestinian Campesinos who rejected the theft of their land, the Woodhead Commission (charged with setting in motion the partition plan) concluded that the division was impossible. But then more confusion returned to London about the agreements between the Zionist Federation of Germany and the Section of Jewish Matters of the Gestapo. Celebrated six months after Hitler came to power, the Mandelstain-Tochler (1933) Accords were approved by Joachim Prinz (a young Zionist Rabbi of Berlin, who later moved to the United States and became the head of the United States Jewish Congress). He commented: “The National Socialist Revolution in Germany signified ‘Judaism for the Jews’ . . . No subterfuge can save us now. In place of assimilation we want a new concept: the recognition of the Jewish Nation and of the Jewish Race (We Jews — Ourselves, The Jews —, 1934) Counting on a significant number of rich Jews interested in emigrating, the Gestapo authorized the exit of 130 thousand people, of whom only 35 thousand travelled to “the promised land” (1934-37). Among them young commandos trained militarily by the Nazis to confront the common enemy in Palestine: England.

      The accords brought to publication by the Nazis included another “White Paper”, printed this time for the English Labor Leader Ramsay Mac Donald (1939). The honeymoon between London and the Zionists came to its end. And since militarily it was not convenient to fight two enemies at the same time, the Zionists went to the illusion of the United States, which contained the most important and influential Jewish Community in the whole world. The Nuremberg Court (1945-46) and the documentary films that showed the raw images of the major slaughter in the history of Judiasm in the world, when they were skillfully manipulating anti-Semitism as a propaganda weapon of Zionism. Of course, it was not at all different from Teodoro Herzl’s recommendation in the epoch of the Central European Pogroms (The Jewish State, 1896). At the beginning of 1947, Great Britain petitioned for the question of Palestine to be called. It had been the first time at the United Nations Organization. In truth, this was the first special meeting of the UN. In the name of the Arab Nations, Egypt proposed the Independence of Palestine, an iniciative blocked by the powerful victors . Finally, the 29 of November [1947], Palestine was separated into two parts. And the majority of the delegates commented afterwards that the vote was a diplomatic calamity. The expression of Doctor José Arce (the Argentine Delegate) alluded to a battle in which we rejected the rights of the Arabs, violated the UN Charter, then set up an arrangement that would enable the separation or division of territory, whether inhabited or not. [1]

NOTES
[1] Sketch for a humane resolution of the Palestine/Israel conflict. http://site.www.umb.edu/faculty/salzman_g/t/2010-11-13.htm


George Salzman is a former American Jew living in Oaxaca, Mexico, an ex-physics prof, Univ of Massachusetts-Boston.


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Initial posting of this page: 09 September 2011.
Last update: 09 September 2011